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¡Celebramos el Mes Janeriano!

La caridad como forma de vida: el corazón de Ana María Janer


La vida de Ana María Janer no se puede comprender sin la caridad. Ella atraviesa toda su historia como una presencia constante y silenciosa, como esa música de fondo que da sentido a cada escena aunque no siempre se perciba. Sin caridad, su vida y su obra no serían las mismas.


En Ana María, la caridad es ternura y coraje a la vez. Brota de un corazón profundamente humano y creyente, y se concreta en gestos sencillos, sin discursos grandilocuentes ni protagonismos. Su manera de estar en el mundo consiste en responder a las necesidades reales de las personas, hacer el bien y restaurar la dignidad de quienes más sufren, siempre desde la humildad. Para ella, amar es poner al otro en el centro, olvidándose de sí misma para atender a quien necesita cuidado, acompañamiento y esperanza.


Jesús es el centro y el motor de toda su vida. A Él consagra su existencia y con Él desea identificarse: en la humildad, la paciencia, la cercanía a los más débiles y la entrega total. Seguir a Jesús significa vivir como Él, pasar haciendo el bien y aliviando todo tipo de dolor. Así vivió Ana María, desgastando su vida para aliviar el sufrimiento humano, convencida de que el Jesús conocido y amado en la oración es el mismo que se sirve y se ama en el hermano.


El 11 de enero de 1885, Ana María se acerca al final de su camino. Con plena conciencia de la proximidad de su encuentro con el Padre, permanece serena y lúcida, incluso en medio de intensos dolores físicos. Fiel a su deseo de identificarse con Jesús hasta el final, pide morir en el suelo, como signo de humildad y despojo. “Quisiera morir como penitente por amor a Cristo Jesús que, por amor a mí, murió clavado en la cruz”, expresa con sencillez y profundidad. Su petición es atendida y es colocada sobre un estrecho colchón en el suelo, acompañada por la oración y la vigilia de toda la comunidad.


Sus últimas palabras, dirigidas tres veces a una joven novicia que había perdido recientemente a su madre, “Hija mía”, revelan de manera conmovedora lo que la define en lo más hondo: su maternidad espiritual. Una maternidad hecha de caridad silenciosa, entrega constante y amor sin medida, que sigue inspirando hoy la misión educativa y evangelizadora de nuestra Fundación.


En este espíritu de gratitud y memoria agradecida, el domingo 11 de enero se cumplen 141 años de la muerte de Ana María Janer, cuya vida entregada y caridad silenciosa siguen siendo hoy fuente de inspiración y compromiso para nuestra comunidad educativa.


Os compartimos su oración de intercesión.



 
 
 

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